15.1.10

Y si mañana vienes por mí te dirán que ya no estoy, que lo logré
Que por fin pude volar muy, muy lejos


[.La playa me espera.]

7.1.10

Y es que cuando estoy con vos nada más parece importar.—

Raptarte una noche de improviso y obligarte a olvidar el mundo tras la puerta cerrada con llave. Parar los relojes en el segundo exacto en que mis ojos se detienen, ardientes, en los tuyos; en un mutuo y silencioso acuerdo.  Llenarme de ellos y de la manera en que me mirás, temeroso y expectante por dar el primer paso. Y sí, romper de una vez por todas las distancias. Romper con los esquemas, romper con las convenciones. Destruir esa espera que nos está quemando de a poco. Tomar revancha del aire que se interpone entre nosotros y no dejarle un espacio en el que colarse. Tocarte como nunca antes pude hacerlo. Desgastar tu cutis de tanto acariciarlo y volverlo a engrosar a base de besos. Pasear por esas zonas sensibles de tu piel, despertándote escalofríos y animándote a hacerle caso a tus instintos, a satisfacer tus más locos e impúdicos deseos.


Y que vos también me toques de mil maneras diferentes; con afán casi salvaje, con imperiosa urgencia, con apuro demandante, lascivo; incontenible. Hacerme agua entre tus manos para caer cual lluvia copiosa sobre cada recoveco de tu cuerpo. Imparable. Insaciable. Impaciente. Indomable. Inundándolo todo de ganas, de pasión, de deseo. Dejarte nadar en mí y hacerte naufragar ahí donde los sentidos se fusionan, donde mis piernas —y quizás también el mundo— se terminan. Ahí donde vos y yo nos hacemos uno.


Convertirme en protagonista de tus más perversas fantasías para después volverlas realidad. Convertirte a vos en mi droga personal, en mi vicio más arraigado. Encadenarme a tus labios para convertirme en esclava de tus besos. Anudarme a tus manos para ya no poder alejarme de tus caricias. Olvidarme de mi nombre de tanto gemir el tuyo. Arrancar de tu piel a mordiscos las huellas que amantes pasadas dejaron y marcarte con las mías propias. Llenarte de ellas y declararte a vos, tu cuerpo y tu alma de mi entera y exclusiva propiedad. Mío. Mías tus madrugadas, míos tus brazos. Mío el derecho a tocarte, mías las sílabas por las que clamas. Mío el tacto que te hace enloquecer, mías las gotas de sudor que surcan tu nuca en las noches de pasión.


Entregarte servidos en bandeja cada uno de mis latidos para que compongas con ellos una melodía sobre la que yo pueda plasmar en letras todo aquello que podríamos hacer los dos, robándote uno que otro rubor, de esos que se te dan poco pero maravillosamente bien. Y mirarte. Mirarte mucho. Y descubrir el momento exacto, preciso en que dejás de ser el chico bueno y educado que despierta sonrisas tontas y te convertís en esa inexplicable fuerza magnética que invita a la sinrazón. Y adorarte en ambas fases de forma distinta, ciega y descontroladamente. Quererte con o sin ropa. Quererte sin clichés, sin frases cursis, sin esperas, sin inhibiciones, sin distancias. Quererte con locura, con ardor, con entrega; con ganas de quedarme por siempre ahí en tu cama, hablando de nuestros sueños desquiciados entre beso y beso. 


Y volver a caer en tus brazos, lista para otra dosis de tu sabor. Perderme entre tus piernas esperando nunca encontrar una salida. Sentir cómo tu lengua se cuela en esos lugares que nunca antes nadie tocó, haciéndome enloquecer lenta e irrevocablemente. Enredarme con tus sábanas, perdiendo el sentido del tiempo y el lugar mientras el vaivén de caderas corta una a una las ataduras que me ligan al mundo y adormece mis miembros. Ver el brillo pecaminoso de tus ojos en el instante justo en que el placer tense mis músculos y me obligue a morderme los labios para tragarme las ganas de gritar. Y llegar juntos a ese punto álgido de pasión que nos hace clamar por más. Rogarte que no pares, que quiero sentirte dentro. Hundiéndote tanto en mí que casi puedas rozarme el alma.


Dejarme hipnotizar por la cadencia lujuriosa de tu respiración agitada, salpicada aquí y allá con los fuertes y despreocupados acordes de tu risa. Deleitarme con el resonar rítmico de tu corazón, acostada en tu pecho mientras tus dedos vuelven a hacerme estremecer, grabando dibujos en mi piel. Sentir que ninguna cercanía le es suficiente al desesperado ansía de tenerte. Descubrir esa nueva fuerza que me nace bajo el estómago y me crea una sed casi enfermiza de vos. Que me hace querer irrumpir en tu ser sin pedir permiso, con fogosidad avasallante, rozando la violencia. Que puebla mi mente de imágenes que exigen ser materializadas en la realidad. Que ofusca mi razón y me invita a zambullirme en esa inconsciencia que sos vos así; en estado puro, al natural. Que me hace desearte. Y pegar mis labios a los tuyos con ansiedad rayana en la furia. Explorar tu boca con mi lengua en una libertina invitación al delirio.


Pasar horas bailando al ritmo desbocado e irrefrenable que nos impone la necesidad de fundirnos el uno en el otro; precipitándonos hacia el éxtasis, ahogándonos en el gozo ilimitado de sentirnos tan cerca. Tatuándonos mutuamente todo tipo de señales de nuestra mutua pertenencia.Y que el sol nos encuentre con el cabello alborotado y las mejillas encendidas, queriendo prolongar el momento indefinidamente. Agotados, felices. Empapados en esa esencia especial y particularmente excitante que impregna el ambiente cuando estamos juntos. Que la luz del alba ilumine los vestigios de nuestro encuentro, tiñéndolas de realidad. Los zapatos tirados por ahí, la ropa en el suelo, las sábanas que a duras penas cubren los cuerpos exhaustos, marcados de cientos de maneras distintas. Y saber que esto es lo que quiero, ahora y siempre. Vos y yo obedeciendo esos impulsos que se evidencian en el aire que envuelve nuestra proximidad. Vos y yo robándole tiempo a los días para estar juntos. Vos y yo alejándonos del mundo para adentrarnos en esa realidad más palpable que sólo nos pertenece a nosotros. 

Vos y yo sumergidos en el deleite excesivo de dejar de ser dos.

21.12.09

GOODBYE BRITTANY

"Toda historia tiene un final, pero en la vida cada final es un nuevo comienzo"
(Pequeñas Grandes Amigas)

1.12.09

LOVE SUCKS.

"Ya está, no tiene caso seguir fingiendo. Sí, estoy mal. Y sí, es tu culpa. No, pará. Dejá de justificarte y escuchame. Por favor… no vengas a decirme ahora que te importo. Te hubieses acordado antes. Hubieses recordado que te importaba cuando me insultabas, hubieses pensado que me querías cuando me usabas para divertirte. Porque sí, te parecía divertidísimo ¿No? Verme sufrir por tus maltratos, sin poder quejarme porque eso no hacía más que provocarte más burlas y, por lo tanto, mucho más dolor para mí. No me mires así, los dos sabemos perfectamente que te dabas cuenta de lo mucho que me lastimabas. No sigas intentándolo, tus ojos perdieron el poder sobre mí. Ahora el desprecio es más fuerte. No, ya te dije que no. No quiero gritar, estoy controlándome; porque si grito tal vez hasta empiece a llorar de la bronca que me das. No me jodas… ¿Amigos? ¿Vos y yo? Es patético ¿Por qué no fuiste mi amigo todas esas veces que podrías haberte ahorrado una que otra frase cortante, punzante? Si sabías… ¿No podías simplemente tomar en cuenta que me iba a doler mucho mas viniendo de vos que de cualquier otra persona? Sí, claro que sabías. Pero también sabías que queriéndote como te quería no me iba a costar perdonarte una y otra vez. Y lo aprovechaste. Así que ahora no vengas haciéndote el bueno a decirme que está todo bien, que no importa, que puede ser todo igual. No quiero que sea todo igual. Pero sé que con vos las cosas nunca van a cambiar. No, pará. Callate y escuchame, por una vez en tu vida ¿No querías eso acaso? ¿Que hablase? Ya que vos no tuviste el valor, el deseo, la decencia de hacerlo. Ahora estoy hablando yo y te agradecería si por primera vez desde que somos “amigos” escuchás lo que tengo para decirte. Quizás si lo hubieses hecho antes te habrías enterado de cómo soy y ya sabrías que no perdono, que doy demasiadas oportunidades como para hacerlo. Tal vez habrías entendido que para desestabilizarme hace falta muy poco y que para perderme hace falta mucho; pero cuando lo hacés ya no me recuperás. Ok, ok, me estoy yendo por las ramas. Otra vez… ¿Dónde estábamos? Ah, sí… no, no podemos ser amigos ya ¿Encima me preguntás por qué? ¿No se te ocurre nada? Te juro que no entiendo cómo en menos de una semana pasé de quererte locamente a detestarte como lo hago. Sólo ver esos ojos que me hipnotizaban ahora me crispa los nervios, eleva mis niveles de ira… ¿Por qué? ¿Por qué, preguntás? ¿No te parece suficiente todo lo que dije antes? ¿O tal vez no estabas escuchándome; desinteresado, como de costumbre, de cualquier cosa que tenga que ver conmigo? No podemos ser amigos porque ya no tengo ganas. No quiero más de esa manera enferma que tenés de “querer”; no quiero aguantar tu estúpida forma de relacionarte, me cansé de tus altibajos y la manera en que lográs siempre convertirme en una víctima de ellos. Podría decir que me sos indiferente, pero sería hipócrita. Después de lo mucho que te quise, no hay lugar para un sentimiento tan frío y desapasionado como la indiferencia. Podría decirte que te odio; te desprecio. Sí, es eso. Pensar que tantas veces te defendí de gente que me decía todo lo que después resultó ser verdad. Qué estúpida ¿Sabés? Yo pensaba que eras un buen flaco. Soporté muchas ofensas convenciéndome de que lo hacías inconsciente de lo mucho que me lastimabas. Sí, siempre fui así de tonta. No te creas especial… ¿Y bien? ¿No tenés nada que decir? No me sorprende. Tal vez sea porque siempre fuiste un cobarde, o tal vez porque son las 3 de la mañana y yo estoy pensando qué decirte mientras como helado y culpo por mis lágrimas a la triste película que están dando por televisión."

27.11.09

Harvey Milk Memorial

"Les pido esto: que si al final hay un asesinato,
quiero que cinco, diez, cien, mil personas se alcen; 
si una bala entra en mi cerebro, 
dejen que destruya las puertas de todos los armarios
les pido que el movimiento continúe 
porque no importa el beneficio personal, ni el ego, ni el poder, 
sólo importa que las minorías estén ahí arriba, 
y no sólo los gays, sino los negros y los asiáticos y los ancianos y los minusválidos, las minorías... 
sin esperanza las minorías se rinden; 
ya sé que no se puede vivir sólo de esperanza, 
pero sin esperanza no merece la pena vivir
así que , y , y , tienen que darles esperanza... tienen que darles esperanza."
Harvey Milk.
(Nueva York, 22/5/1930 -
San Francisco, 27/11/1978)

12.11.09

Disfrazando de espera lo que no es más que resignación.—


Y hoy es uno de esos días en que tu recuerdo se siente más que nunca y pesa hasta asustar. Uno de esos días en que podría huir muy, muy lejos y ya no volver. Uno de esos días en que el llanto pugna por salir y lo detiene ese estúpido deseo de sentirme fuerte. Uno de esos días en que tu ausencia se cruza con mi rutina  para espantarme con todo lo que quise que fuera y nunca fue. Y duele decir “tu ausencia” porque hace pensar que alguna vez estuviste acá. Y me obligo a admitir que lo mío es una alta dosis de nostalgia que roza la esquizofrenia; esa locura en la que tu falta me hace caer. Y es que ya estoy medio loca de pensarte; tanto que a veces llego a sentirte. Estoy algo demente de tanto estar sola imaginado que ya vas a llegar. Cansada de tanto levantarme para volver a caer. Aturdida de tanto llorar esperando que contestes a mis desesperados llamados.

Esta es una de esas tardes en que muerdo las horas, impaciente a la espera de algo que no va a ocurrir. Una de esas tardes que devienen de mañanas tristes y asustadas y desembocan en angustiosas madrugadas. Una de esas tardes que aparecen una vez al mes, justo cuando todo parecía andar bien. Una de esas tardes me recuerdan que todavía te quiero, aunque nunca vayas a saber quién soy. Un doloroso conjunto de instantes que me hacen rogar al olvido que te lleve más lejos de lo que ahora estás. Un insoportable transcurrir de minutos que nunca parece acabar. Un continuo resonar de tictacs en mis oídos, que acompasadamente me hablan de lo enorme de mi soledad. Un puñado de segundos que hace que cada exhalo me duela; pensando que, no importa qué haga, nunca voy a sacarte del todo de mí. Un pesado recorte de horas, sacado del común de mis días para acentuar la tortura de saberte imposible. La firma de mi sentencia a una cadena perpetua de agonía implorándole al tiempo que extirpe de mi piel los rastros que tu amor nunca dejó.

5.10.09

Ese miedo al que no le cuesta entrar pero no quiere salir.

La calma se vuelve inexplicablemente sospechosa. 
Sabés que va a pasar. 
Lo sentís venir. 
Y así, casi repentinamente, llega. 
Respiración agitada. 
Latidos desbocados. 
Temblor. 
Escalofríos y un calor que te quiebra. 
Terror. 
Adrenalina. 
Querer correr. Huir. 
Ir muy lejos. 
Y este sentimiento que no llegás a explicar. 

Es saber que si lo intentás no va a servir y que si no lo hacés no vas a poder dormir. Y descubrir que querer no es poder. Y entender que no se puede, pero aún así seguir queriendo. Y seguir tratando a sabiendas de que es en vano; más por inercia que por perseverancia. Comprender que de entre tantas cosas elegiste la imposible y que viviste soñando algo que no va a pasar. Escuchar todas esas risas y voces que se burlan; creer que tienen razón. Pelear infructuosamente buscando la solución a un problema que nunca fue tal. Y rebelarse al llanto porque sería dejarse vencer. 

Y tener miedo. 
Mucho miedo. 

Justo vos, 
que siempre te jactaste de no temerle a nada.
 
Ataques de pánico después de serle indiferente a la soledad, el abandono, la oscuridad, el silencio, la muerte y otros monstruos. Enfrentarse al mayor de tus fantasmas; el más grande, el más temible. Eterno como la vida de un hombre que supo burlarlo. Casi indestructible, cual nube de niebla que se corta con hachazos de seguridad pero que a la primera oportunidad volverá a amontonarse sobre tu cabeza. Punzante como el sabor a angustia que deja en los rincones de algunos cuartos vacíos. Doloroso; tanto como las lágrimas que caen sobre las alfombras. Resonante como el sonido del cuerpo que impacta contra el piso, derribado por el flagelo del miedo, acosado por la certidumbre de la frustración. 
Y te deja de rodillas. 
Y lastima. 
Y asusta —ATERRORIZA—. 
Y amenaza. 
Y duele. 
Y se clava en la nuca como una lámpara maldita que no para de arder. 
Sí, 
arde. 
Y punza. 
Y no para. 

Es angustia. 
Es dolor. 
Es decepción. 
Es miedo. 
Es frustración. 

Es FRACASO.

26.9.09

Y sin que merezcas nada, yo quiero dártelo TODO.

19.9.09

Y llega un nuevo año, que {espero} será 
más dulce que el anterior.
Shaná Tová.

(19-Septiembre-2009/1-Tishrei-5770)

13.9.09

Quiero escucharte hablar un idioma hecho de silencios.-

Vamos, decilo. SÍ, eso. Decime todo eso que se nota que tratás de expresar cuando me mirás a los ojos y ambos callamos a la espera de que el otro se anime. Sé que hay algo ahí. Más allá de los silencios y las miradas de reojo. Más allá de los suspiros y los deseos reprimidos. Animémonos y gritémoslo. Aturdámonos con palabras mudas formadas por los sonidos de nuestras caricias y las sílabas de los acelerados latidos de nuestros corazones. Contame todo con los ojos, que sé que lo voy a entender. Te responderé con un batir de pestañas y me acercaré a vos. No, no hables. Ya es tarde para palabras. Ya ambos lo sabemos. No importa si pasaste horas pensando en la mejor forma de decirlo. Ahora ya pasó el momento en que habría funcionado. Una vez me dijiste que nunca fuiste bueno con las palabras y que no sabes darte a entender. Dijiste que por eso te gusta hablar conmigo; que entiendo tus silencios e interpreté tus gestos. Ahora es nuestro oportunidad entonces. Pongamos en práctica ambas capacidades y entendámonos sin palabras. Hagámoslas inútiles. Tengamos silenciosas conversaciones usando solo el lenguaje de tus manos, mis sonrisas, nuestras miradas y el fluir de los minutos y las horas. Escapémonos de la rutina de la voz y reemplacémosla por los sonidos de las pestañas al cortar el aire, las manos al buscarse mutuamente y las respiraciones al agitarse. Dejemos en el pasado todas las horas de angustia ante la perspectiva de seguir callando, todas los intentos de hablar frustrados por el miedo, todas las veces que nos odiamos tras la decepción del silencio ajeno, cada una de las veces que intentamos (inútilmente, cabe aclarar) olvidarnos, esos días en que soñamos con dejar de querernos, esas lágrimas que vertimos a escondidas creyendo que nunca estaríamos juntos, ese recuerdo que nos lastimaba cada vez que volvía y  aquella canción que sonaba mas fuerte en nuestras cabezas cuando nos veíamos obligados a separarnos otra vez con la frustración de seguir guardando aquel secreto que a viva voz gritaban nuestros cuerpos,

Contame eso que ambos sabemos, que lo quiero escuchar. Quiero escucharte decirlo todo sin sonido alguno.