1.12.09

LOVE SUCKS.

"Ya está, no tiene caso seguir fingiendo. Sí, estoy mal. Y sí, es tu culpa. No, pará. Dejá de justificarte y escuchame. Por favor… no vengas a decirme ahora que te importo. Te hubieses acordado antes. Hubieses recordado que te importaba cuando me insultabas, hubieses pensado que me querías cuando me usabas para divertirte. Porque sí, te parecía divertidísimo ¿No? Verme sufrir por tus maltratos, sin poder quejarme porque eso no hacía más que provocarte más burlas y, por lo tanto, mucho más dolor para mí. No me mires así, los dos sabemos perfectamente que te dabas cuenta de lo mucho que me lastimabas. No sigas intentándolo, tus ojos perdieron el poder sobre mí. Ahora el desprecio es más fuerte. No, ya te dije que no. No quiero gritar, estoy controlándome; porque si grito tal vez hasta empiece a llorar de la bronca que me das. No me jodas… ¿Amigos? ¿Vos y yo? Es patético ¿Por qué no fuiste mi amigo todas esas veces que podrías haberte ahorrado una que otra frase cortante, punzante? Si sabías… ¿No podías simplemente tomar en cuenta que me iba a doler mucho mas viniendo de vos que de cualquier otra persona? Sí, claro que sabías. Pero también sabías que queriéndote como te quería no me iba a costar perdonarte una y otra vez. Y lo aprovechaste. Así que ahora no vengas haciéndote el bueno a decirme que está todo bien, que no importa, que puede ser todo igual. No quiero que sea todo igual. Pero sé que con vos las cosas nunca van a cambiar. No, pará. Callate y escuchame, por una vez en tu vida ¿No querías eso acaso? ¿Que hablase? Ya que vos no tuviste el valor, el deseo, la decencia de hacerlo. Ahora estoy hablando yo y te agradecería si por primera vez desde que somos “amigos” escuchás lo que tengo para decirte. Quizás si lo hubieses hecho antes te habrías enterado de cómo soy y ya sabrías que no perdono, que doy demasiadas oportunidades como para hacerlo. Tal vez habrías entendido que para desestabilizarme hace falta muy poco y que para perderme hace falta mucho; pero cuando lo hacés ya no me recuperás. Ok, ok, me estoy yendo por las ramas. Otra vez… ¿Dónde estábamos? Ah, sí… no, no podemos ser amigos ya ¿Encima me preguntás por qué? ¿No se te ocurre nada? Te juro que no entiendo cómo en menos de una semana pasé de quererte locamente a detestarte como lo hago. Sólo ver esos ojos que me hipnotizaban ahora me crispa los nervios, eleva mis niveles de ira… ¿Por qué? ¿Por qué, preguntás? ¿No te parece suficiente todo lo que dije antes? ¿O tal vez no estabas escuchándome; desinteresado, como de costumbre, de cualquier cosa que tenga que ver conmigo? No podemos ser amigos porque ya no tengo ganas. No quiero más de esa manera enferma que tenés de “querer”; no quiero aguantar tu estúpida forma de relacionarte, me cansé de tus altibajos y la manera en que lográs siempre convertirme en una víctima de ellos. Podría decir que me sos indiferente, pero sería hipócrita. Después de lo mucho que te quise, no hay lugar para un sentimiento tan frío y desapasionado como la indiferencia. Podría decirte que te odio; te desprecio. Sí, es eso. Pensar que tantas veces te defendí de gente que me decía todo lo que después resultó ser verdad. Qué estúpida ¿Sabés? Yo pensaba que eras un buen flaco. Soporté muchas ofensas convenciéndome de que lo hacías inconsciente de lo mucho que me lastimabas. Sí, siempre fui así de tonta. No te creas especial… ¿Y bien? ¿No tenés nada que decir? No me sorprende. Tal vez sea porque siempre fuiste un cobarde, o tal vez porque son las 3 de la mañana y yo estoy pensando qué decirte mientras como helado y culpo por mis lágrimas a la triste película que están dando por televisión."

27.11.09

Harvey Milk Memorial

"Les pido esto: que si al final hay un asesinato,
quiero que cinco, diez, cien, mil personas se alcen; 
si una bala entra en mi cerebro, 
dejen que destruya las puertas de todos los armarios
les pido que el movimiento continúe 
porque no importa el beneficio personal, ni el ego, ni el poder, 
sólo importa que las minorías estén ahí arriba, 
y no sólo los gays, sino los negros y los asiáticos y los ancianos y los minusválidos, las minorías... 
sin esperanza las minorías se rinden; 
ya sé que no se puede vivir sólo de esperanza, 
pero sin esperanza no merece la pena vivir
así que , y , y , tienen que darles esperanza... tienen que darles esperanza."
Harvey Milk.
(Nueva York, 22/5/1930 -
San Francisco, 27/11/1978)

12.11.09

Disfrazando de espera lo que no es más que resignación.—


Y hoy es uno de esos días en que tu recuerdo se siente más que nunca y pesa hasta asustar. Uno de esos días en que podría huir muy, muy lejos y ya no volver. Uno de esos días en que el llanto pugna por salir y lo detiene ese estúpido deseo de sentirme fuerte. Uno de esos días en que tu ausencia se cruza con mi rutina  para espantarme con todo lo que quise que fuera y nunca fue. Y duele decir “tu ausencia” porque hace pensar que alguna vez estuviste acá. Y me obligo a admitir que lo mío es una alta dosis de nostalgia que roza la esquizofrenia; esa locura en la que tu falta me hace caer. Y es que ya estoy medio loca de pensarte; tanto que a veces llego a sentirte. Estoy algo demente de tanto estar sola imaginado que ya vas a llegar. Cansada de tanto levantarme para volver a caer. Aturdida de tanto llorar esperando que contestes a mis desesperados llamados.

Esta es una de esas tardes en que muerdo las horas, impaciente a la espera de algo que no va a ocurrir. Una de esas tardes que devienen de mañanas tristes y asustadas y desembocan en angustiosas madrugadas. Una de esas tardes que aparecen una vez al mes, justo cuando todo parecía andar bien. Una de esas tardes me recuerdan que todavía te quiero, aunque nunca vayas a saber quién soy. Un doloroso conjunto de instantes que me hacen rogar al olvido que te lleve más lejos de lo que ahora estás. Un insoportable transcurrir de minutos que nunca parece acabar. Un continuo resonar de tictacs en mis oídos, que acompasadamente me hablan de lo enorme de mi soledad. Un puñado de segundos que hace que cada exhalo me duela; pensando que, no importa qué haga, nunca voy a sacarte del todo de mí. Un pesado recorte de horas, sacado del común de mis días para acentuar la tortura de saberte imposible. La firma de mi sentencia a una cadena perpetua de agonía implorándole al tiempo que extirpe de mi piel los rastros que tu amor nunca dejó.

5.10.09

Ese miedo al que no le cuesta entrar pero no quiere salir.

La calma se vuelve inexplicablemente sospechosa. 
Sabés que va a pasar. 
Lo sentís venir. 
Y así, casi repentinamente, llega. 
Respiración agitada. 
Latidos desbocados. 
Temblor. 
Escalofríos y un calor que te quiebra. 
Terror. 
Adrenalina. 
Querer correr. Huir. 
Ir muy lejos. 
Y este sentimiento que no llegás a explicar. 

Es saber que si lo intentás no va a servir y que si no lo hacés no vas a poder dormir. Y descubrir que querer no es poder. Y entender que no se puede, pero aún así seguir queriendo. Y seguir tratando a sabiendas de que es en vano; más por inercia que por perseverancia. Comprender que de entre tantas cosas elegiste la imposible y que viviste soñando algo que no va a pasar. Escuchar todas esas risas y voces que se burlan; creer que tienen razón. Pelear infructuosamente buscando la solución a un problema que nunca fue tal. Y rebelarse al llanto porque sería dejarse vencer. 

Y tener miedo. 
Mucho miedo. 

Justo vos, 
que siempre te jactaste de no temerle a nada.
 
Ataques de pánico después de serle indiferente a la soledad, el abandono, la oscuridad, el silencio, la muerte y otros monstruos. Enfrentarse al mayor de tus fantasmas; el más grande, el más temible. Eterno como la vida de un hombre que supo burlarlo. Casi indestructible, cual nube de niebla que se corta con hachazos de seguridad pero que a la primera oportunidad volverá a amontonarse sobre tu cabeza. Punzante como el sabor a angustia que deja en los rincones de algunos cuartos vacíos. Doloroso; tanto como las lágrimas que caen sobre las alfombras. Resonante como el sonido del cuerpo que impacta contra el piso, derribado por el flagelo del miedo, acosado por la certidumbre de la frustración. 
Y te deja de rodillas. 
Y lastima. 
Y asusta —ATERRORIZA—. 
Y amenaza. 
Y duele. 
Y se clava en la nuca como una lámpara maldita que no para de arder. 
Sí, 
arde. 
Y punza. 
Y no para. 

Es angustia. 
Es dolor. 
Es decepción. 
Es miedo. 
Es frustración. 

Es FRACASO.

26.9.09

Y sin que merezcas nada, yo quiero dártelo TODO.

19.9.09

Y llega un nuevo año, que {espero} será 
más dulce que el anterior.
Shaná Tová.

(19-Septiembre-2009/1-Tishrei-5770)

13.9.09

Quiero escucharte hablar un idioma hecho de silencios.-

Vamos, decilo. SÍ, eso. Decime todo eso que se nota que tratás de expresar cuando me mirás a los ojos y ambos callamos a la espera de que el otro se anime. Sé que hay algo ahí. Más allá de los silencios y las miradas de reojo. Más allá de los suspiros y los deseos reprimidos. Animémonos y gritémoslo. Aturdámonos con palabras mudas formadas por los sonidos de nuestras caricias y las sílabas de los acelerados latidos de nuestros corazones. Contame todo con los ojos, que sé que lo voy a entender. Te responderé con un batir de pestañas y me acercaré a vos. No, no hables. Ya es tarde para palabras. Ya ambos lo sabemos. No importa si pasaste horas pensando en la mejor forma de decirlo. Ahora ya pasó el momento en que habría funcionado. Una vez me dijiste que nunca fuiste bueno con las palabras y que no sabes darte a entender. Dijiste que por eso te gusta hablar conmigo; que entiendo tus silencios e interpreté tus gestos. Ahora es nuestro oportunidad entonces. Pongamos en práctica ambas capacidades y entendámonos sin palabras. Hagámoslas inútiles. Tengamos silenciosas conversaciones usando solo el lenguaje de tus manos, mis sonrisas, nuestras miradas y el fluir de los minutos y las horas. Escapémonos de la rutina de la voz y reemplacémosla por los sonidos de las pestañas al cortar el aire, las manos al buscarse mutuamente y las respiraciones al agitarse. Dejemos en el pasado todas las horas de angustia ante la perspectiva de seguir callando, todas los intentos de hablar frustrados por el miedo, todas las veces que nos odiamos tras la decepción del silencio ajeno, cada una de las veces que intentamos (inútilmente, cabe aclarar) olvidarnos, esos días en que soñamos con dejar de querernos, esas lágrimas que vertimos a escondidas creyendo que nunca estaríamos juntos, ese recuerdo que nos lastimaba cada vez que volvía y  aquella canción que sonaba mas fuerte en nuestras cabezas cuando nos veíamos obligados a separarnos otra vez con la frustración de seguir guardando aquel secreto que a viva voz gritaban nuestros cuerpos,

Contame eso que ambos sabemos, que lo quiero escuchar. Quiero escucharte decirlo todo sin sonido alguno.

3.9.09

Ya está, dejemos de fingir; que nada es para siempre y menos esto que hace rato ya no existe.

26.8.09

AL LECTOR

La necedad, el yerro, el pecado, la roña
ocupan nuestras almas, nuestros cuerpos alteran,
y como los mendigos sus piojos,
así nutrimos nuestros blandos remordimientos.

Nuestro pecado es terco, nuestra contricción floja;
con creces nos hacemos pagar las confesiones,
y alegres regresamos al camino fangoso,
creyendo nuestras culpas lavar con viles llantos.

En la almohada del Mal Satán es Trigemisto
quien largamente acuna nuestro ser hechizado,
y el precioso metal de nuestra voluntad,
íntegro lo evapora ese sabio alquimista.

¡El Diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!
Incluso en seres inmundos hallamos seducción;
y sin horror en medio de tinieblas hediondas,
cada diaria hacia el infierno descendemos un paso.

Tal como un mísero libertino que besa y mordisquea
los martirizados senos de una ramera vieja,
robamos de pasada algún placer clandestino
que a fondo, como una naranja seca, exprimimos.

Denso, hormigueante, así como un millón de helmintos,
un pueblo de Demonios hierve en nuestras cabezas,
y cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
baja, río invisible, con apagadas quejas.

Si el estupro, el veneno, el puñal y el incendio
de agradables dibujos no ornaron todavía
el trivial cañamazo de nuestra pobre suerte,
es, ay, porque nuestra alma no es bastante atrevida.

Pero entre chacales y panteras, linces y monos,
escorpiones y buitres, y también serpientes,
los monstruos aulladores, rampantes, gruñidores
de todos nuestros vicios en la leonera infame,

¡hay uno que es más feo, más inmundo, más malo!
Sin lanzar grandes gritos ni mostrar grandes gestos
convertiría a gusto la tierra en un despojo
y se tragaría al mundo con sólo bostezar;

¡Es el Tedio! — De llanto involuntario
llena la mirada, su pipa fuma y sueña patíbulos.
Tú conoces, Lector, al delicado monstruo,
hipócrita lector - mi igual —, ¡hermano mío!

Charles Baudelaire
Las flores del mal (1857)

4.8.09

Cansada de simular que no quiero fundirme con [en]vos.

Vení, acercate, que voy a decirte al oído todas esas cosas que mi cuerpo te grita y que me da pudor decir en voz alta. Voy a darle palabras a todo eso que ya sabés porque vos lo estás provocando. Voy a pedirte que le hagamos caso a nuestros instintos y ya no nos detengamos. Quiero que me toques como hace tiempo no lo hacés; de esa manera lasciva, impúdica, desvergonzada. Que me toques y se me agite la respiración, se despierten todas mis terminaciones nerviosas y se me nuble la mente (quiero olvidarme de quiénes somos). Quiero que nos comamos a besos en la cama de un hotel barato e impersonal. Quiero que cada milímetro de mi piel conozca tus labios. Mordamos, chupemos, acariciemos, toquemos, gimamos, gritemos. Quiero que mi cuerpo choque contra el tuyo y me lleves más allá de lo que pueda imaginar. Te deseo. Deseo tus manos, tus labios, tu lengua. Recorré con ellos mis piernas y detenete en esos lugares que sabés que me ponen la piel de gallina. Arrastrémonos juntos por las sábanas de segunda mano e impregnémoslas con nuestro sudor, nuestro aliento y nuestras palabras. Dejemos que vaguen nuestras manos en ese terreno desconocido que es el cutis del otro. Abandonemos el mundo por unas horas y encerrémonos a vivir entre cuatro paredes de pintura descascarada lo que nuestros ojos se ruegan con ardientes miradas. Animemonos a quitarnos con la ropa todas las precauciones, los miedos y las apariencias. Enloquezcamos de pasión una tarde nevada y convirtamos el cuarto en una siesta soleada. Palpemos el deseo entre los dos y démosle rienda suelta a la imaginación. Dejemos que nuestros cuerpos se entiendan sin palabras, porque nuestras bocas están ocupadas y de todas formas ya no tenemos aliento ni voz para pronunciarlas. Ahoguémonos en la locura desenfrenada del momento (quiero naufragar en vos). Derritamos esa pared que se erige entre ambos y toquémonos. Deshagámonos una y otra vez a base de caricias.

Quiero recostarme a tu lado y charlar de lo raro que es todo esto. Hablar de banalidades sin mencionar el futuro ni los sentimientos. Vestirme mientras me comés con los ojos y no terminar de hacerlo antes de estar de nuevo junto a vos. Alborotarte el pelo y volver a mi casa todavía con tu olor entre la ropa y una que otra marca de tus labios en la piel. Mentirle a todos cuando me pregunten dónde estuve y con quién. Callar el secreto que se hace palpable entre los dos cuando chocamos las miradas y sonreímos con las mejillas apenas encendidas. Regresar a mi vida normal; soñando con otro y sin que tu esencia se cuele entre mis pensamientos. Quiero abandonar ese hotel de tercera y dejar ahí nuestra historia. Dejarla escondida en un cuarto de número desconocido y sin llevarme nada que pueda recordarme a ese momento que nunca debió pasar pero que gracias a Dios pasó. Quiero sólo una vez. Probarte para no desearte más. Saciarme de vos para ya no tentarme con ese magnetismo que tenés sobre mí. Hastiarme de tu sabor, tu voz y tu roce para ya no anhelarte nunca más.